ÂżPero cĂłmo percibimos este espacio fĂsico? Habitualmente, nos referimos por su cualidad de ser computable, lo medimos en metros cuadrados. Pero, nosotros habitamos el espacio y no el plano, por lo que deberĂa ser cuantificado en metros cĂşbicos, de esta manera tendrĂamos mayor informaciĂłn de la calidad del diseño de la edificaciĂłn.
El espacio es algo que percibimos en funciĂłn de lo que nos rodea; somos nosotros los que sentimos el espacio y lo convertimos en propio, o no.
Este concepto de percepción del espacio lo vamos desarrollando desde la infancia: haciendo nuestro el lugar donde jugamos, donde comemos, donde sentirnos protegidos. En nuestro hábitat hay espacios que exploramos y que pueden producirnos experiencias gratas o desdichadas, por lo que, la consciencia del espacio depende de la experiencia adquirida y los acontecimientos que nos han marcado a lo largo de nuestra vida.
Cuantificar el espacio perceptible es imposible o, absurdo. Podemos hablar de apreciaciĂłn psicolĂłgica del espacio y definirlo como estable, inestable, envolvente, opresivo… Estamos hablando de percepciones, sensaciones y, emociones.
Tenemos percepciĂłn espacial, percepciĂłn visual y percepciĂłn sensorial de un espacio. La percepciĂłn viene determinada por la conciencia, la memoria, el conocimiento de los objetos, la interpretaciĂłn de la realidad… El ser humano intenta reconocer, nombrar, apreciar o rechazar.
Los volúmenes, las formas, la luz, las sombras, las texturas de los materiales, los colores, los brillos, la profundidad, la altura… determinan si un espacio es detectado como acogedor, seguro, estimulante, apacible, flexible o, todo lo contrario.
Somos seres emocionales, percibimos el espacio por los sentidos, por lo tanto, para conseguir el necesario confort, se tendrá que atender a los cinco sentidos:
Un proyecto mal pensado afectará a la vida de las personas de manera constante durante mucho tiempo. El impacto de un mal proyecto afecta directamente sobre nuestro bienestar y nuestra salud.
Habitualmente, el diseño de interior se confunde con la decoraciĂłn, un concepto errĂłneo que está cargado de una serie de prejuicios y malentendidos. La elecciĂłn de revestimientos, colores y acabados es, de hecho, un aspecto del diseño de interiores, pero no la Ăşnica caracterĂstica.
La organizaciĂłn de las circulaciones es un punto de partida, que se puede lograr mediante el estudio funcional del espacio. Una distribuciĂłn adecuada permite organizar el flujo, crear lugares de permanencia y jerarquizar los espacios.
Se tiene que considerar la normativa de accesibilidad, la seguridad frente a incendios -incluidas las vĂas de evacuaciĂłn-, dimensiones mĂnimas de las habitaciones, y resto de normativa en vigor. La aplicaciĂłn de tecnologĂas o, la utilizaciĂłn de estrategias pasivas para facilitar y mejorar la calidad de vida del habitante.
Es necesario, generar un vĂnculo emocional entre el espacio y el ser humano que lo va a utilizar. Entender al ser humano en sus dimensiones fisiolĂłgicas, anatĂłmicas y psicolĂłgicas nos ayudarán a alcanzar un alto nivel de confort, respetando la diversidad y sus diferencias.
Considerar un acercamiento holĂstico y, multidisciplinar a la hora de diseñar espacios para conseguir el mayor bienestar y, la observaciĂłn y análisis en profundidad de las necesidades del usuario es fundamental para la realizaciĂłn de un proyecto de diseño de interiores.
Pasamos una gran parte de nuestra vida en espacios interiores, ya sea en nuestra vivienda, en el trabajo, en espacios de ocio o en centros comerciales. SerĂa aconsejable que todos estos espacios interiores cumplieran los requisitos necesarios para favorecer nuestra salud y nuestro bienestar.
Para ello, deberĂamos preocuparnos por cada detalle en la construcciĂłn de los edificios, desde la realizaciĂłn de un diseño adecuado, pasando por las instalaciones y, por supuesto, por la elecciĂłn de los materiales. Aplicando fundamentos de bioconstrucciĂłn, con materiales de bajo impacto ambiental y que no supongan ninguna toxicidad para las personas y el medio ambiente.
Poco a poco, nos estamos dando cuenta de la vital necesidad de cuidar nuestro entorno. Cada acciĂłn que realizamos, cada decisiĂłn que tomamos, repercuten positiva o negativamente en el medio ambiente y, por lo tanto, en nosotros. Es necesario afrontar la responsabilidad, que sobre nosotros recae y, empezar a defender nuestra salud fĂsica y emocional manteniendo una actitud amable con el entorno.
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